MISIÓN ESPACIAL KEPLER: EN BÚSQUEDA DE LA TIERRA VERSÓN 2.0 (SEGUNDA PARTE)

Published on July 28th, 2013

La existencia de planetas orbitando alrededor de estrellas diferentes al Sol (los llamados exoplanetas) permaneció siendo una hipótesis durante mucho tiempo. Hipótesis que se confirmó en 1995, cuando el primer exoplaneta fue descubierto. Desde ese momento los científicos no han parado de encontrar nuevos (más de 800 de momento). De hecho, las últimas estimaciones indican que la gran mayoría de estrellas de nuestra galaxia tienen, como mínimo, un planeta orbitando alrededor.

 http://www.nature.com/nature/journal/v481/n7380/full/nature10684.html

¡IMAGINÁOS CUANTOS MUNDOS HABRÁ CON 300 MIL MILLONES DE ESTRELLAS CONSTITUYENDO NUESTRA GALAXIA!

Pero ¿cuántos de estos mundos se encuentran en la zona habitable de sus estrellas? Para contestar a esta pregunta, en 2009, la NASA puso en marcha la misión Kepler, un telescopio espacialcuyo principal objetivo es la búsqueda de planetas de tamaño similar a la Tierra y que orbiten en la zona habitable de sus “Soles” (distancias a la estrella que permitan el agua líquida, esencial para la Vida, ver parte 1).

Este telescopio se encuentra orbitando nuestro Sol y apunta permanentemente hacia la zona del firmamento que contiene las constelaciones del Cisne, Dragón y Lira. El método por el cual localiza exoplanetas, conocido como el método del tránsito planetario, es muy simple. El telescopio mide la luz de las estrellas con fotómetros muy sensibles. En el momento en que un planeta pasa por delante de una de las estrellas (tránsito), el planeta bloquea parcialmente la luz de la estrella mientras dura el tránsito planetario, lo que hace que los fotómetros detecten una disminución de la luz que les llega. Midiendo con precisión la intensidad y la duración de esta disminución los científicos pueden saber dos datos importantes: cuán grande es el planeta y cómo de lejos se encuentra de su estrella. Estas dos piezas clave de información permiten situar a los planetas dentro o fuera de las zonas habitables.

Desde que comenzó la misión, el telescopio Kepler ha descubierto una gran cantidad de exoplanetas, desde pequeños mundos rocosos hasta gigantes gaseosos, sin embargo, el hallazgo de equivalentes a la Tierra, pequeños planetas en zonas habitables, se resistió durante un tiempo.

No fue hasta 2011 cuando el equipo de científicos de la misión Kepler pudieron anunciar los primeros resultados favorables con el hallazgo del planeta Kepler-22b. Sin embargo, aunque este planeta da vueltas a una estrella muy parecida a nuestro Sol, se trata de una “supertierra”, con un radio dos veces superior al radio de la Tierra y, por tanto, no del todo equivalente a nuestro planeta.

Desde ese descubrimiento, la misión Kepler y otras misiones similares no han parado de encontrar nuevos planetas candidatos a ser habitables, la mayoría todavía por confirmar. Recientemente el equipo de científicos de la misión Kepler ha publicado la existencia de dos nuevos mundos habitables: el Kepler-62e y el Kepler-62f, planetas más pequeños que la mayoría de los exoplanetas descubiertos hasta ahora (poco más grandes que 1.5 veces el radio de la Tierra) y muy buenos candidatos a ser mundos rocosos parecidos al nuestro (link a https://www.sciencemag.org/content/340/6132/587).

Estos dos planetas, junto con otros tres, forman un sistema planetario que orbita alrededor de una estrella más pequeña y más fría que el Sol, a una distancia de 1,200 años luz de nosotros. Lo más sorprendente es que se trata de un sistema planetario mucho más antiguo que el nuestro, con una antigüedad de 7,000 millones de años. Por tanto, si la Vida hubiera aparecido en alguno de estos planetas quizás habría tenido tiempo suficiente para producir organismos complejos y, por qué no, quizás también inteligentes.

Pero esto es ir un poco demasiado lejos para los datos que tenemos. Todavía tenemos mucho que aprender de estos nuevos mundos para saber si realmente podrían mantener algún tipo de Vida. Por ejemplo, necesitamos saber su densidad y composición, características que de momento los científicos no han podido averiguar.

Aunque todavía nos falta mucho por conocer, todo apunta a que hay otros mundos ahí fuera con características similares al nuestro y, posiblemente, con seres vivos que los habitan.

La ciencia sigue buscando en la inmensidad del Universo. Quién sabe si algún día encontraremos algo, pero eso no debe impedirnos dejar volar nuestra imaginación cuando contemplamos el cielo nocturno.

Así pues, la próxima vez que veáis el cielo por la noche y os preguntéis ¿”hay alguien ahí arriba?”, pensad que alguno de estos puntos de luz que veis, en algún planeta orbitando alrededor de esa estrella, quizás hay algún otro organismo mirando el cielo y viendo nuestro Sol como un pequeño punto de luz en la inmensidad del espacio, que quizás se está haciendo la misma pregunta.

Ejemplo de tránsito planetario, en este caso Venus pasando delante del Sol. Cuando el planeta pasa entre la estrella y nosotros, la cantidad de luz que recibimos de la estrella disminuye ligeramente mientras dura el tránsito, de esta manera podemos detectar los planetas de estrellas lejanas.

El sistema planetario Kepler-62 (arriba) comparado con nuestro sistema solar (abajo). La zona pintada de color verde alrededor de la estrella representa la llamada “zona habitable”.

Salida del “Sol” sobre el planeta Kepler-62f. Esta es una representación artística de cómo podría ser el planeta.

Representación artística de cómo podría ser el planeta Kepler-62e.

 

Redacción: Joan Garcia-Porta
Investigador Predoctoral

Institut de Biologia Evolutiva

Revisión de estilo: Clara Alarcón Padilla